Libros de Otres
Poemas de Parada Obanta (Editorial Tren Instantáneo, 2022) de Ohuanta Salazar
Niños del bando vencido
Los niños que nacimos en el bando vencido
del lado vencido del mundo
necesitamos una tía María Rosa
que se tome muy en serio la alegría
porque los padres del bando vencido
están ocupados con la tristeza.
La tristeza de este bando
siempre tiene razón.
Pero los niños del lado vencido del mundo
también queremos armar trincheras
aunque nunca nunca podamos repetir esa palabra
ni en el colegio ni en la plaza ni con los vecinos
y saber dónde queda ese lugar “exilio”,
o qué magia hizo desaparecer al tío, desaparecido,
aunque nunca podamos repetir esas palabras
ni en el colegio ni en la plaza ni con los vecinos.
Cuando los niños del bando vencido
crecemos con estos adultos tristes
del lado triste del mundo,
requetenecesitamos una tía María Rosa
que nos enseñe a guardar esas palabras
que no hay que repetir nunca nunca re mil nunca
en el fondo triste del canasto de los juguetes
y nos lleve en los días soleados
a chupar cañas de azúcar y a comer uvas de la parra
aunque comer frutas sin lavar esté prohibido
y en los días lluviosos
a escondernos en trincheras de almohadas
y cantar palabras contentas de María Elena
Walsh, aunque también estén prohibidas.
Todos los niños que nacimos en el bando vencido
del lado vencido del mundo
requetemilnecesitamos una tía María Rosa
para nunca nunca tener miedo
a la oscuridad
o a las palabras
ni en el colegio ni en la plaza ni con los vecinos
y ser por un rato niños del bando feliz
del lado feliz de la tristeza del mundo.
Desovillar
Estos planos son para que hagas
otros barriletes con tu tata, le dice mi papá
y mi hijo responde: o con mi mamá, y entonces
bueno, bueno y sigue pensando igual
mientras le enseña cómo no perder jamás
el barrilete por culpa del ovillo comprado, mirá
el secreto está en anudar la punta del hilo
en esta cañita, como si fuera un manubrio
chiquito y entonces enrollar todo aquí.
Mi papá abuelo le cuenta de aquel barrilete
que perdió cuando changuito,
porque el ovillo traidor llegó al final,
el hilo se deslizó de las manos como aire.
Mi papá niño persiguió su rombo azul
que se iba haciendo chiquito, chiquito en el cielo.
Se dio cuenta de que él corría menos que el viento
y que las cuadras eran más chicas que las nubes.
Volvió a su casa con el pecho ceñido
pero ni una lágrima porque si no
lo latigueaban con el sauce para que llore con razón
y no por zonceras y mi papá niño aprendió
lo de anudar en la cañita que le anunciaba
el final del hilo, nudito que nunca se soltaba.
Yo niña también escuché lo de su barrilete azul
mientras me enseñaba a enrollar el hilo
pero no sé cómo haciendo se me enredó
y entonces sus manos, puro nudillo, puro chirlo,
su frente fruncida y palabras entre dientes:
changuita opa, esos nudos hacen que el viento
tire y corte y yo niña
rogaba que eso pasara y que mi barrilete
se fuera como aquel azul, libre en el cielo para siempre
y así no tener que volver a remontar con mi papá padre,
mejor ir con mis abuelos a cortar chirimoyas
o al arroyito y buscar en el fondo
piedras azules.
Ahora con mi hijo, papá abuelo, frente serena
y palabras amorosas, muy bien, muy bien, Facundo
pero yo, hija madre, atenta
a sus cejas o a ese chasquido con los dientes
que anticipa sus enojos y miro sus manos
ahora ayudando a las manitos, desenredando
con dulzura y siento alivio y también
una envidia triste
por mis manos sin ovillos, sin barriletes.
Facu dice, quiero hacerlo yo solito, abu
y comienza todo otra vez y nos quedamos
a distancia admirando su felicidad
y mi padre abuelo,
ojos vidriosos, sin darse cuenta posa
su mano en mi hombro, casi un abrazo.
¿Estará pensando lo mismo que yo?
Qué lindo eso de desovillar y ovillar de nuevo.
Papá niño VI: El abuelo isidro
Llevaba a mi papá niño a buscar sunchos
para el cerco del gallinero y malva rosada
para curarse las tripas y en el camino
contaba historias de los hornos de ladrillos
de bosta y barro que se convertían en casas
y a mi papá niño le parecía magia
que él no fuera su abuelo, pero había
criado a su tata Enrique, entonces
era igual de abuelo que otro. A veces
se machaba y el diablo del vino
le hacía golpear a piñas las paredes de adobe
y a la abuela Libertad.
Esas noches, mi papa niño, tenía pesadillas
con un horno de ladrillos donde el diablo
cocinaba hombres de bosta y barro.
OHUANTA SALAZAR nació en 1975 en San Miguel de Tucumán, creció en San Salvador de Jujuy donde se formó como Técnica Química, cursó Bioingeniería en la provincia de Entre Ríos y actualmente reside en Buenos Aires. Publicó Patios de Obanta, relatos (Ed. Tahiel, 2017); La Revancha de mis Pedazos, poemas (Ed. Tersites, 2018); Parada Obanta, poemas (Ed. Tren Instantáneo, 2022). Oro Verde (Ed. Camalote, 2025). Integra las siguientes antologías: Homenaje a Nicanor Parra (Ed. Centro Chileno O’Higgins, 2018); Bardos y Desbordes II (Ed. Tersites, 2019); Antología Poetas de Tucumán 1960-1990 (Ed. Humanitas FFyL UNT, 2021); Antología Niñez (Ed. Camalote, 2023); PNU: Poesía de Necesidad y Urgencia (2024); Toda Poesía es hostil al Anarco-Capitalismo (2024). Diana (Ed. Camalote,2025).
Los libros de Ohuanta se consiguen en la Librería Salvaje Federal: https://salvajefederal.com/
Contacto:
FB: Ohuanta Salazar
IG: @ohuanta_salazar
