Textos de Otres
…que recibimos a diario es tanta y tan diversa, que apenas si podemos refugiarnos en quienes somos, en lo que nos gusta hacer y compartir. Es tanta la urgencia que dudamos si estamos haciendo lo suficiente, si no estamos siendo individualistas o alienados mientras insistimos en la ceremonia de escribir, cantar o conversar. Mantener la estabilidad emocional en estos tiempos es un desafío que desquicia. Esquivando la enfermedad somática y la demencia, nos encontramos en una suspensión que perturba. El margen de acción individual es necesario e insuficiente, perdemos la calma esperando algo más. Pareciera ser que la consigna que mejor nos funciona es la de no detenernos. Seguir escribiendo, seguir estudiando, seguir riendo y hacerlo contra todo pronóstico, como un yuyo contra todo mal.
Estos días estuve de lágrima fácil, de arenero en lugar de garganta. En esos momentos en que el pantano le gana a la tierra firme y mi cuerpo implosiona de nociva impotencia y angustia, la voz y la pluma de dos mujeres me devuelven al presente.
Ayer, en el microcine de la Escuela Nacional de Cinematografía durante la clase de Semiótica, conversamos largamente sobre los interrogantes cargados de emocionalidad que nos atraviesan como estudiantes, ciudadanos, compatriotas en este contexto político y social. Me tocó circunstancialmente estar al frente de la clase exponiendo con dos compañerxs la semiótica de Peirce. La palabra circulaba fluidamente por las voces entrecortadas de la juventud. Les escuchaba con atención, apenas veía las caras, el microcine se parece a una cueva, oscura y calurosa. Entonces la voz de la Negra Sosa. Parecíamos cigarras bajo la tierra. Es un momento en donde las bombas sacuden todos los confines de la existencia. Llenos de rabia y miedo, nos refugiamos como podemos, nos reunimos cuanto podemos. Es un ataque poderoso proveniente de aquellos que desprecian la vida. A menudo pensamos que no es suficiente, esta manera de resistir. Y quizás no lo sea. Estamos acorralados en nuestras vidas singulares, cada quien un trabajo, un horario, un transporte, una butaca. Cada quien un barrio, una historia, un amor. Sin embargo tenemos la capacidad de sentir colectiva esta herida y en ello radica nuestra fuerza. Eso es lo que el presidente busca destruir, lo que en su delirio llama marxismo cultural y no es otra cosa que la capacidad de sentir y expresar, las ganas de proteger, la convicción de enseñar y aprender del y con el otro. Por eso pienso algunas cosas. Con estas cartas en la mesa, la revolución permanente es más necesaria que nunca, es despertar cada día con el ánimo de conservar y fortalecer nuestros valores, seguir apostando a la ternura y la amabilidad como las armas capaces de desarmar todo el miedo que el odio capturó. Es momento de abrazarnos y resistir hacia adentro y hacia afuera en igual medida.
Hay días en que siento que un rastrillo filoso barre las cosas más lindas que tengo, que soy. Mis ganas de jugar, de arriesgar, de crear. No lo voy a permitir. Por eso me aferro con ferocidad a la luz del sol, aunque sea desde abajo de la tierra. Pueden atacar una canción, pero no el canto de las cigarras, ni sus ganas de cantar, así como ni la incógnita ni la muerte pudieron despojarnos de las y los desaparecidos, ni de artistas como Mercedes o María E. Walsh. La revolución permanente en este contexto es a veces, levantarnos de la cama. Es reírnos, es descansar. Parece porno inspiracional, expresión de Leonor Silvestri. Y quizás lo sea. La violencia adquiere forma de tarifa, sobreprecios, represión, despidos, desmoralización. Para no caducar siento la necesidad de protegerme y no tengo los medios para declarar la guerra a las empresas por los aumentos. Está en mis manos solo esto, porno inspiracional, escribir que no necesito saber sus nombres para pensarles y contemplar sus derechos. De paso aprovecho y les doy las gracias por pensar en mí, sin nunca haberme visto o hablado conmigo. La vida es en red, lo demás es cacería. La Negra profetizó con su voz de pueblo, que sobreviviremos. Quizás estemos bajo la tierra. Pero en nosotros se guarda el canto, el sol, la promesa de una primavera que florece para todxs.
Rocío Laria es poeta, bailarina y profesora de danza, graduada en la Escuela de Danzas Clásicas de La Plata. Actualmente estudia la Licenciatura en Ciencias de la Educación en la Universidad Nacional de La Plata y transita el último año de la carrera de Guión Cinematográfico en la ENERC. Publicó los poemarios Autopartes del naufragio (2017) y Poesías para abrir (2019), ambos bajo el sello de SerSeres Ediciones, y Kintsugi: Bazar de poemas rotos (2022) con Prueba de Galera Editoras. Su videopoema Procesar fue seleccionado por el 25° Festival Internacional de Videopoesía Videobardo (2020). En 2024, recibió una beca del Fondo Nacional de las Artes a través del programa Formadores. Ese mismo año, la obra Enjambre Sonoro, del cual es coautora, fue seleccionada para formar parte de la Bienal Universitaria de Arte y Cultura de la UNLP. Colabora en blogs y revistas digitales como Cuadernos de danza, Sisma Revista, El Calibán, Revista Montaje, entre otras. Sus poemas han sido traducidos al portugués y publicados en Revista Desvario. / @rociolaria
