Libros de Otras y Otros

Cosas que hago en la Oscuridad
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Me tranquiliza asegurar que opino como lector, así que...

 

June Jordan (2019) “Cosas que hago en la oscuridad” Bajo la Luna Poesía. (Edición bilingüe)

 

Vengo insistiendo con la poesía y las poetas, no sé, a lo mejor sea la influencia de mi amigues poetas, Diego Alfaro Palma, Soledad Manín o Sandro Barrella. Hoy traigo a June Jordan, la poeta norteamericana que era negra, bisexual y feminista. Fue en los 60’s que su obra rupturista alimentó los derechos de las consideradas “minorías disidentes”.

En este poemario, ella desgrana toda su furia y levanta la voz a favor de los segregados del mundo, entre los que ella se consideraba incluida.

Leerla me produjo -inevitable consecuencia- una profunda admiración por la época en la que ella escribió lo que. También emoción y el deseo de recomendar su lectura inmediata.

Les dejo un fragmento de su “Poema sobre mis derechos”:

 

“…sola porque no puedo hacer lo que quiero con mi propio

cuerpo y

quién mierda dispuso las cosas

de este modo

y en Francia dicen que si el tipo penetra

pero no eyacula entonces no me violó…”

Horacio Esber   

Libros de Mariana Kruk
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Me tranquiliza asegurar que opino como lector, así que...

Mariana Kruk (2014) “abrileando” Cacto Editorial.

Mariana Kruk (2018) “Bisagra” azulfrancia.

¿Por qué dos libros de poemas de la misma autora, en una misma entrega?, porque hay cuatro años de diferencia entre uno y el otro, y entonces se puede escuchar en la voz de la poeta un mundo de transiciones, a lo mejor intencionadas, acaso no. Así, volás cuando leés: “la guarida de tus besos” y aterrizás más tarde escuchándote repetir la palabra escrita: “nada hay más perturbador que el deseo”.

De ese modo, Mariana, te introduce desde la primera página de “Abrileando” hasta la última de “Bisagra”, en la que te saca de su mundo; aunque, hay que reconocerlo, por buen rato no terminás de irte del todo.     

 

Abrileando

Pg 20:

IV

“Abril llega abriendo fuego,

con pasos agigantados viene.

urge un ataque repentino

de alas,

un no importa qué hora es,

abramos el vino.

un todo nos salió mal,

menos el amor…”  

 

Bisagra

Pg. 42

Halley

“…nada más delator

que el insomnio.

no se puede desoír

lo que te despierta…”

Horacio Esber   

Personas que quizás conozcas de Virginia Feinmann
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Virginia Feinmann (2018) “Personas que quizás conozcas”  - Editorial emecé

Cuando supe de este libro, me dijeron que se trataba de micro relatos. Sin embargo descubrí que, aunque cierto, están tan bien encadenados que dan la impresión de ser una historia continua. El absurdo de cada quién, los olores recordados, el dolor que no se va. La tristeza, al mismo tiempo que la alegría. Es decir: Virginia Feinmann tiene la capacidad de recrear la magia de lo cotidiano como si fuera un solo de guitarra -acústica, eso sí-.

Se lee de una, no es posible hacerlo de otro modo, porque no vas a encontrar dónde interrumpir la lectura gracias a una extraña fuerza que no te suelta.   

 

Dejo un breve fragmento..

Pgs. 88/89:

“…-Mi mamá –dice sin dejar de mirar el plato de galletitas- a veces se bajaba del colectivo sin mí. Se olvidaba.

-Pero viste –sacudo miguitas con una mano y las recojo con la otra puesta debajo de la mesa-ahora es distinto… La gente lo tolera menos, hacen marchas… ¿Querés otro té?

-Ese día yo iba a gimnasia. Tenía la pollera de gimnasia y un bombachón. Un bombachón negro de tela dura, dura, se usaban para gimnasia.

-Sí, sí, ya sé…Los bombachones de gimnasia… ahora no se usan más…

-Y un señor se puso atrás mío. Se apoyó –encoge los hombros-. Todo el viaje. Mi mamá estaba cerca, pero no la fui a buscar. No sé. No podía.

Dejo todo lo que estoy haciendo.

            -Quería hacerle señas pero tampoco lo hice. Tenía terror de que se bajara sin mí. Pero también tenía terror de que me viniera a buscar y viera al señor. Yo lo único que pensaba, lo único que pensaba durante todo el tiempo, era <menos mal que tengo el bombachón>, <menos mal que tengo el bombachón>. Y toda la semana pensé lo mismo… <menos mal que tenía el bombachón>.

Por la ventana se ve gente abrigada pero hay sol. Agarro un sobrecito de stevia. Voy a probar el stevia, mamá, le digo…”       

Horacio Esber

Purga de Sofi Oksanen
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Sofi Oksanen (2011) “Purga” Narrativa Salamandra

En tiempos donde las violencias contra las mujeres pierden invisibilidad, esta novela viene para abordar la que acaso sea la forma más burda y, al mismo tiempo, más silenciada por quienes de uno u otro modo sacan provecho de ella, me refiero a la trata de mujeres con fines de explotación sexual. Porque no solo son los proxenetas los que se aprovechan, sino que también, con pretendida inocencia, los varones prostituyentes, quienes se amparan en el pago de un precio a cambio de sexo.

Sofi Oksanen, muestra con maestría la desesperación de Zara para escapar de la red de trata rusa, la extraña solidaridad que encuentra en su huida y también el abuso, la desconfianza y una increíble fuerza propia para recuperarse del terror vivido.

Dejo un breve párrafo para tentar la lectura.       
    
Horacio Esber     

Pg. 297:
“…La anciana abrió las cortinas extendió un periódico sobre la mesa y colocó al lado de su taza de café, como si estuviese leyendo el Nelli Teataja y desayunando tranquilamente. ¿Habría quedado alguna huella de Zara en la cocina? No, nada. Aliide ni siquiera había tenido tiempo de poner la mesa para las dos. Que viniesen, que viniesen todos, los esbirros de los mafiosos, los soldados, los rojos y los blancos, los rusos, los alemanes y los estonios, que viniese cualquiera. Aliide se las arreglaría. Siempre lo había hecho…”   
   

Poesías Reunidas 1909-1962 de T. S. Eliot
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T. S. Eliot (2008) “Poesías Reunidas 1909-1962” Alianza Literaria

 

Tengo que reconocer que se me hace extremadamente difícil encontrar las palabras justas para describir lo que pasa cuando lees a T.S. Eliot, quizá uno de los poetas universales imprescindibles…, por eso, mejor, leámoslo a él. Aquí un breve fragmento para introducir su lectura.   

   

Horacio Esber      

Pg. 199:

“…¿Cuál iba a ser el valor de lo largamente deseado,

La calma tan largamente esperada, la serenidad otoñal,

y la sabiduría de la vejez? ¿Nos habían engañado,

o se habían engañado ellos, los ancestros de tranquila voz,

legándonos simplemente una receta para el engaño?

La serenidad, sólo un deliberado atontamiento,

La sabiduría, sólo el conocimiento de secretos muertos

Inútiles en la tiniebla en que escudriñaban

O de que se apartaban los ojos…”    

El ferrocarrili subterráneo de Colson Whitehead
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Colson Whitehead (2017) “El Ferrocarril Subterráneo” Literatura Random House

 

El Ferrocarril Subterráneo es una de esas novelas que, al terminar, te deja varios días pensando. No es posible quitarse de la cabeza a Cora, mejor dicho, la vida de Cora, su protagonista principal.

Hace unos años un buen amigo supo referir, en medio de su llamada telefónica desde un pequeño pueblo caribeño:

            -Horacio, es increíble, soy el único blanco en un pueblo de negros.

Nunca pude hacerle entender que aquella expresión era profundamente racista. Recordé el episodio apenas empecé a leer esta historia que nos trae Colson Whitehead, escritor norteamericano que ha recibido varios premios por esta obra. Escrita de modo sencillo, penetra en lo profundo de las emociones al mostrar sin medias palabras toda la absurda crueldad que provoca la ignorancia humana.

Un párrafo de la página 39 basta para demostrarlo:

“…La música cesó. El corro se rompió. A veces una esclava se perdía en un breve torbellino de liberación. Bajo el influjo de un súbito ensueño entre los surcos o mientras desentrañaba los misterios del sueño matinal. En medio de una canción, una cálida noche de domingo. Entonces, siempre, llegaba: el grito del capataz, la llamada al trabajo, la sombra del amo, el recordatorio de que la esclava solo es ser humano un minúsculo instante en la eternidad de su servidumbre…”        

 

Horacio Esber      

Tengo miedo torero de Pedro Lemebel
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Pedro Lemebel fue (sigue siéndolo) uno de los escritores al que más he admirado y disfrutado Lemebel es poesía maravillosamente desvergonzada en estado puro, un manifiesto contracultural que, desde la escritura,  derrama rebeliones.

Según creo, “Tengo Miedo Torero”, es por lejos una novela llena de belleza e inteligencia. Es la historia de amor entre un guerrillero chileno y un gay, metida en el medio del más grande y pretencioso atentado subversivo realizado en Chile.

Pero mejor dejar que Pedro nos introduzca en su historia, así empieza (pg. 7):

 

“…COMO DESCORRER UNA GASA sobre el pasado, una cortina quemada flotando por la ventana abierta de aquella casa la primavera del ’86. Un año marcado a fuego de neumáticos humeando en las calles de Santiago comprimido por el patrullaje. Un Santiago que venía despertando al caceroleo y los relámpagos del apagón; por la cadena suelta al aire, a los cables, al chispazo eléctrico. Entonces la oscuridad completa, las luces de un camión blindado, el párate ahí mierda, los disparos y las carreras de terror, como castañuelas de metal que trizaban las noches de fieltro. Esas noches fúnebres, engalanadas de gritos, del incansable <Y va a caer>, y de tantos, tantos comunicados de último minuto, susurrados por el eco radial del <Diario Cooperativa>.

Entonces la casita flacuchenta, era la esquina de tres pisos con una sola escalera vertebral que conducía al altillo. Desde ahí se podía ver la ciudad penumbra coronada por el velo turbio de la pólvora. Era un palomar, apenas una buhardilla para tender sábanas, manteles y calzoncillos que enarbolaban las manos marimbas de la Loca del Frente. En sus mañanas de ventanas abiertas, cupleteaba el <Tengo Miedo Torero, tengo miedo que en la tarde tu risa flote>. Todo el barrio sabía que el nuevo vecino era así, una novia de la cuadra demasiado encantada con esa ruinosa construcción. Un maripozuelo de cejas fruncidas que llegó preguntando si se arrendaba ese escombro terremoteado de la esquina. Esa bambalina sujeta únicamente por el arribismo urbano de tiempos mejores. Tantos años cerrada, tan llena de ratones, ánimas y murciélagos que la loca desalojó implacable, plumero en mano, escoba en mano rajando las telarañas con su energía de marica falsete entonando a Lucho Gatica, tosiendo el <Bésame mucho> en las nubes de polvo y cachureos que arrumaba en la cuneta…”.        

Horacio Esber      

Agua Negra de Joyce Carol Oates Copia
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Si hay una escritora que hace rato merece el Nobel, esa es Joyce Carol Oates. Agua Negra (Editorial Tiempos Modernos) fue la primera novela que leí de ella; fue una recomendación de Héctor Lastra.

Joyce, con el lenguaje directo que la caracteriza, te mete de una y sin concesiones en la historia de una chica que se muere. Son los segundos previos a esa muerte, en los que su vida la atraviesa. Ella sabe: ya no escapará de la cabina de aquella camioneta que se hunde irremediablemente en el río.

Como siempre, va un párrafo (pgs. 84/85), y por favor, déjense tentar:

 

“…Estaba sola. Él había estado con ella y se había marchado y ahora estaba sola pero él desde luego iría a buscar ayuda.

Trastornada por no saber desde el primer momento dónde se hallaba, que clase de lugar opresor y hermético era ese, que clase de oscuridad, por no saber qué había ocurrido al haber sido de un modo tan repentino como una escena rápida y borrosa vislumbrada a través de una ventanilla en movimiento, y además tenía sangre en los ojos, sus ojos abiertos de par en par y aun así ciegos, su cabeza en la que una arteria latía con fuerza allí donde el hueso estaba roto, sabía que lo tenía roto y estaba convencida de que por esa fisura el agua negra penetraría para extinguir su vida a menos de que encontrara una manera de escapar a menos que… él desde luego regresará para ayudarme…”.    

                                                                                           

                                                                                                     Horacio Esber

Agua Negra de Joyce Carol Oates
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Si hay una escritora que hace rato merece el Nobel, esa es Joyce Carol Oates. Agua Negra (Editorial Tiempos Modernos) fue la primera novela que leí de ella; fue una recomendación de Héctor Lastra.

Joyce, con el lenguaje directo que la caracteriza, te mete de una y sin concesiones en la historia de una chica que se muere. Son los segundos previos a esa muerte, en los que su vida la atraviesa. Ella sabe: ya no escapará de la cabina de aquella camioneta que se hunde irremediablemente en el río.

Como siempre, va un párrafo (pgs. 84/85), y por favor, déjense tentar:

 

“…Estaba sola. Él había estado con ella y se había marchado y ahora estaba sola pero él desde luego iría a buscar ayuda.

Trastornada por no saber desde el primer momento dónde se hallaba, que clase de lugar opresor y hermético era ese, que clase de oscuridad, por no saber qué había ocurrido al haber sido de un modo tan repentino como una escena rápida y borrosa vislumbrada a través de una ventanilla en movimiento, y además tenía sangre en los ojos, sus ojos abiertos de par en par y aun así ciegos, su cabeza en la que una arteria latía con fuerza allí donde el hueso estaba roto, sabía que lo tenía roto y estaba convencida de que por esa fisura el agua negra penetraría para extinguir su vida a menos de que encontrara una manera de escapar a menos que… él desde luego regresará para ayudarme…”.    

                                                                                           

                                                                                                     Horacio Esber

Viaje sentimental de Sandro Barrella
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Hace unos días, Sandro Barrella me recomendó (y vendió, obvio) “Una Historia de amor y oscuridad” de Amos Oz y apenas empecé a leerlo pensé:

Con razón este tipo -Sandro-, escribe tan bien; lógico, el arte de la escritura está íntimamente emparentado con la buena lectura.

Viaje Sentimental, tiene la cualidad de traerte desde el ayer al hoy sin que te des cuenta pero más que eso, te hace viajar por afuera mirándote adentro. Este libro de poesía es para llevarlo en la mochila (cartera, portafolios, bolso, etc.) vayas donde vayas, leer de a una a la vez, quedarte pensando y disfrutar.

Un verso de regalo, del poema titulado “Lo que se ve desde esa altura -Impulso lírico-”:

“…     

Soy un Hombre Soviético

Un hombre de este siglo

Que es el siglo comunista.

Llegaré a buen puerto, llegaré

Y tendré sus ojos, los ojos

De millones de soviéticos grabados en mis ojos

Como millones de estrellas grabadas

En el cielo.

¡Mis retinas son el cielo!...”

 

                                                                                                     Horacio Esber

Mika de Elsa Osorio
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Esta novela bien podría haber sido una biografía; por suerte no lo es porque la prosa de Elsa Osorio consigue desde la ficción que te metas de lleno en la vida real de Mika Etchebéhère, esa anarquista argentina que luchó en la Guerra Civil Española y que, como dice en la contratapa, es una de las mujeres olvidadas por la historia.

Lo lees de un solo tirón, vas y venís en el tiempo, recorrés ciudades (Barcelona, Buenos Aires, Esquel, París, entre muchas más), te emocionás siempre; y aunque haya sido dura, por momentos deseas habitar en la apasionada vida de Mika. 

   

Transcribo un fragmento del texto (pgs. 273/274):

“…Los jóvenes ya la conocen, le sonríen cuando atraviesa las barricadas que están levantando: Bonjour camarade (…) La chica rubia, Lise, fue la que le dijo que ella le recordaba a su abuela, claro que su abuela no estaría allí, es una burguesa.

Mika se acerca y le mira las manos tiznadas, las uñas se le han puesto negras de tanto arrancar adoquines (…)

-Los adoquines hay que arrancarlos con guantes –explica Mika.

-¿Guantes? – la chica la mira desconcertada-, yo nunca usaré guantes, ni cuando sea mayor.

Mika se agacha y levanta un adoquín.

-Si no usas guantes, tus manos sucias te delatarán…”.  

 

Horacio Esber

Matar a un Ruiseñor de Harper Lee
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María Sella es una de mis sobrinas. Hace unos días me pidió este libro. Yo recordé que ha sido una de las mejores novelas que he leído. Harper Lee, su autora, consiguió encontrar una manera de narrar este enorme drama (racismo, discriminación, hipocresía social), contándonoslo desde la especial mirada de un niño y una niña.

Decir que es una obra magnífica resulta tan cierto que queda obviado el lugar común que representa tal expresión.

También hay una película (en mi opinión, mucho mejor el libro), se puede ver en varias plataformas, por ejemplo, Netflix:  VER 

   

Transcribo un fragmento del texto (pgs. 198/199):

“…Mientras el juez Taylor golpeaba con su mazo, el señor Ewell estaba sentado con aire engreído en su silla de testigo, contemplando su obra. Con una sola frase había convertido a personas contentas en una multitud tensa y murmuradora, hipnotizada lentamente por los golpes de mazo que sonaban con intensidad decreciente, hasta que el último sonido que se oía en la sala fue un débil pinc-pinc-pinc; el juez bien podría haber estado golpeando la mesa con el lapicero.

En la posesión de su sala una vez más, el juez Taylor se echó hacia atrás en su sillón. De repente se le veía cansado; se le notaba la edad y yo pensé lo que Atticus había dicho, que él y la señora Taylor no se besaban mucho…”.  

 

Horacio Esber

Ébano de Ryszard Kapuscinski
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Javier García Espil me recomendó este libro de Ryszard Kapuscinski. Se trata de las crónicas que este periodista polaco recogió durante su estancia en África. A cada paso de su relato conseguimos estar allí. Como se lee en la contratapa, Kapuscinski no hizo el recorrido habitual, “estereotipado”, de los visitantes en el más diverso continente del mundo. No. Él recorrió las entrañas de África y su gente, para después regalarnos esa experiencia.

Este libro no puede definirse en un solo género porque es muchos al mismo tiempo: novela, cuento, poesía, ensayo…

 

Transcribo un fragmento del texto (pg.145):

“…Las moscas estaban en todas partes. Irritadas, enfurecidas y rabiosas, formaban espesas nubes negras (…) En el suelo, en medio de la inmundicia y el polvo, yacían personas hechas un verdadero esqueleto. Eran pobladores de las aldeas vecinas. La sequía los había privado del agua y el sol había quemado sus cultivos. Llegaron caminando a la ciudad con la última esperanza de encontrar allí un sorbo de agua y algo para comer. Desahuciados e incapaces de más esfuerzos, morían de hambre, una muerte que es la más silenciosa y sumisa de cuántas existen…”.  

 

Horacio Esber

Dublineses de James Joyce
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Dublineses, es un libro de cuentos de James Joyce y creo, la manera óptima de introducirse en la obra del irlandés.

Dos de estos cuentos son para mí de los mejores que he leído:

“Copias simples”, es uno de ellos; pocas veces un cuento produjo en mí semejante angustia, justo al final e inesperadamente.

“Los Muertos” es el otro, en un relato redondo, completo, desde el inicio hasta el final, no es posible agregar una palabra más a lo ya escrito. Verdadero placer leer este libro.

 

Cortázar lee a Cortázar
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La voz de Julio Cortázar, incluso él mismo se mofa de ella, es la que nos lleva a través de su relato.

Entiendo que, deteniéndonos en sus textos, es una buena manera de tenerlo presente...

CORTÁZAR LEE A CORTÁZAR

Black out de María Moreno
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Me tranquiliza asegurar que opino como lector, así que...

Hace años, mi amigo Enrique García me dijo que Goyeneche solía repetir: el tango sabe esperar…; lo comprobé al leer a María Moreno en esta novela o de “escuchar” este largo tango escrito. Ella atraviesa cada página como el que no sabe si llega a fin de mes. Imposible parar de leer una vez que empezaste.

 

 

Volverse Palestina de Lina Meruane
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Lina Meruane encuentra la manera exacta para decir lo que muchos callan por vocación o miedo; pero además lo hace con maestría literaria: “Volverse Palestina” es un texto que transita a un mismo tiempo la magia de la literatura, la verosimilitud del ensayo y la actualidad de la crónica periodística.

 

 

Tordo de Diego Alfaro Palma
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Con este libro, Diego Alfaro Palma obtuvo el premio municipal de Santiago (Chile) 2015. Encontré en estas páginas, mixturadas, la magia del decir y la crueldad de los hechos. Por eso me resultó imposible no releer algunos poemas, incluso hasta tres veces.

 

Los italianos a la guerra, Sandro Barrella
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Los italianos a la guerra es uno de esos libros de poesía en los que la estética parece estar puesta en función de la agudeza del poeta.

Qué es si no: “…mercado negro del deseo/en potencia las viudas poseídas/por fascistas neofascistas/protodemócratas de la futura democracia…”

 

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